By noviembre 18, 2021

Lo que por muchos ha sido considerado como una moda, o parte del programa académico de colegios con metodologías educacionales no tradicionales, en Chile ya es una realidad, que cada vez cobra más fuerza.

Hablamos de las huertas y cómo distintos colegios de la Región Metropolitana están educando a sus alumnos a través del trabajo con la tierra.

Mediante el acompañamiento y ayuda que entrega Fundación Huertas Comunitarias, distintos colegios enseñan hoy en día técnicas de agricultura, pero también compromiso, respeto, colaboración, resilencia y trabajo en equipo.

El “ESTUDIO DE FACTIBILIDAD E IMPLEMENTACION DE HUERTOS ESCOLARES COMO HERRAMIENTA EDUCATIVA”, publicado el 2017  y realizado por Junaeb y  Universidad de Chile señaló entre sus conclusiones que «el huerto es un espacio educativo que los niños valoran porque les permite aprender de manera entretenida de la naturaleza y su entorno, por lo que los docentes debieran innovar en la utilización de nuevas herramientas pedagógicas.  Los docentes manifiestan que es una instancia de aprendizaje que motiva no sólo los conocimientos, sino que también otras habilidades como el trabajo en equipo, la participación, la solidaridad, el respeto, la paciencia, entre otros valores».

Roxana Chávez Elgueta es Inspectora del Colegio Padre José Kenteninch, Puente Alto, uno de los colegios que en la actualidad se apoyan con Fundación Huertas Comunitarias para implementar huertas en los recintos educacionales. Comenta que hace más de 10 años tenía el proyecto de implementar una huerta.

«Ahora, y gracias a que Huertas Comunitarias nos eligió para hacer que este proyecto se transforme en algo grande para nuestro colegio, logramos implementar la huerta y estamos más que felices por seguir aprendiendo y lograr que nuestros estudiantes se encanten con su huerto. También estamos trabajando con apoderados súper comprometidos y que están ayudando mucho. Lo más lindo y beneficioso ha sido poder incorporar a los apoderados, esto hace que los alumnos vean que todos pueden trabajar en familia», señala Chávez, agregando que en la huerta de este colegio participan alumnos desde 3 básico y hasta 4 medio, junto a los apoderados.

Por su parte Lila Cascante, Educadora de Párvulos del colegio Alejandro Gorostiaga de Renca, señala que para ellos, como institución educativa, la ecología siempre ha sido importante. «De alguna manera tenemos incorporado que esta acción (contar con huertas) es el medio real, tangible y lúdico en donde niños y niñas se vinculan a un espacio satisfactorio para encontrar en una acción tan distinta a una sala de clase, el sentirse uno, pleno. Es sentirse de alguna manera vinculado de otra forma y en dónde lo más importante es satisfacer sus propias y sus propios intereses.  Le hace bien a cada estudiante, a cada integrante de esta unidad educativa que compartió esta experiencia, a cada familia que se hizo parte. Nosotras, como educadoras, nos damos cuenta que tenemos que buscar nuevas formas. Tenemos que buscar cómo reconectar a estos niños a nuestro contexto, a una realidad en donde ellos puedan ser y hacer la diferencia y siento que de verdad estos huertos escolares lo logran. Doy testimonio que se logran cambios significativos, se logra animar el espíritu», comenta sobre la experiencia.

Marcela Bórquez, encargada de convivencia escolar del Colegio María Elena de La Florida, señala que en el caso del colegio donde ella trabaja decidieron crear una huerta «porque creemos que nuestros estudiantes están en inminente riesgo social y un taller de huerta les ofrece desarrollar valores y actitudes como responsabilidad, trabajo en equipo, valorar la naturaleza y cuidado al medio ambiente. Entre los beneficios vistos hemos apreciado participación y entusiasmo de parte de los estudiantes, organización grupal y seguimiento de procesos, de los alumnos y alumnas de 3º a 8º básico, quienes además son apoyados por profesoras,  auxiliar del colegio y monitoras del taller».

En la actualidad Fundación Huertas Comunitarias está presente en y colegios: Colegio Sochides y Colegio Alejandro Gorostiaga, de Renca; Colegio María Elena, La Florida;  Colegio Padre José Kentenich, Puente Alto; Escuela Guillermo Matta, Santiago; Colegio Arcángel de María, La Pintana; y Colegio Francisco Petrinovic, Colina.