Renca, La Pintana, María Pinto y Puente Alto son las comunas en donde el equipo de Huertas Comunitarias se encuentra trabajando con programas destinados a niños, jóvenes y adultos.

 

Una huerta como base. Así parten todos los programas que Huertas Comunitarias tiene, y que en el camino se van transformando en verdaderas escuelas de agricultura, que tienen a personas de distintas edades trabajando en torno a un objetivo en común: sembrar, para después cosechar.

Pero en las huertas no sólo se cosechan alimentos producto del trabajo con agricultura orgánica. También se cosechan amistades, trabajo en equipo, esperanzas y una mejora en la calidad de vida y en la alimentación.

Y es que si bien el resultado concreto de los talleres que Fundación Huertas Comunitarias implementa son los alimentos, existen muchos otros resultados que tienen que ver con cómo se trabaja en conjunto, y cómo las personas están encontrando nuevos propósitos para la comunidad.

 

Al respecto Darío Mujica, Coordinador General de la Fundación y Profesor de Agricultura, comenta que muchas de las personas que hoy asisten a los talleres, han encontrado en el trabajo de la huerta un punto de unión con sus familias, vecinos. Una actividad para evitar estar en sus casas viendo televisión. “De la misma manera, hemos llevado las huertas a la Cárcel de Puente Alto, en donde los reclusos han agradecido los aprendizajes, pero también el ver espacios verdes. Como es sabido, y según indican los estudios, el contacto con la naturaleza ayuda a la tranquilidad y disminuye la violencia. Es un punto de encuentro propio del ser humano que se ha ido perdiendo, y que en Huertas Comunitarias buscamos devolver, en beneficio de la calidad de vida y salud de las personas”.

Para 2018, Fundación Huertas Comunitarias espera poder realizar más talleres, en distintas comunas y sectores vulnerables de la Región Metropolitana.